
Lloras... pon tu mano, compañero
sobre un alma olvidada
de lo tactos, de las nubes de esperanza,
de risas que, abandonadas,
resuenan en eco profundo...
cruel abismo de sangres y miedos,
cruel sanguinario que cubre de negro.
ESE miedo.
Melodías que hablan, cadenciosas, tristes,
del réquiem por el humano muerto;
ese que no recuerda ser, perdido y lelo,
y busca, buscando el perdido anhelo
de que un día fue o será, del encuentro,
de un querer sin sal, nada dentro.
Llora y empapa, encoje, canta,
oirás el terco miedo, ahora pequeño...
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